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PROCLAMA ABOLICIONISTA DE LAS PEPITA GUERRA
Somos feministas. Nos reivindicamos mujeres libres. Juntas escupimos el mandato patriarcal que dicta que ser mujer sea cumplir con un destino fatídico y desobedecemos la maternidad obligatoria y la sexualidad heteronormativa.
Somos pensamiento y praxis en un continuo proceso de reinventarnos a nosotras mismas. Celebramos que haya muchas maneras de habitar nuestros cuerpos de mujeres.
Es histórico, milenario y es actual que la prostitución y el matrimonio son instituciones
que nacen juntas para sojuzgar a las mujeres, adoctrinarnos, disciplinarnos y controlar el ejercicio libre de nuestra sexualidad. La prostitución es la institución que naturaliza que un conjunto de mujeres sea separado sistemáticamente de la población para que sus cuerpos queden a disposición del uso y abuso de los hombres. Por eso somos abolicionistas. El abolicionismo es un horizonte utópico que busca la liberación de toda opresión de la persona humana, de toda forma de esclavitud.
 
Entendemos que la prostitución  nada tiene nada que ver con el ejercicio de una sexualidad libre ni con la emancipación sexual. Porque si fuera así, ¿por qué tendría que ser paga? ¿Quiénes de nuestras compañeras de clase, que arrastradas por la pobreza, la vulnerabilidad y el desamparo, paradas día a día en las esquinas reinvindican su sexualidad en este rebusque? Podemos ver el origen de clase de la mayoría de las compañeras en esta situación. Para las compañeras trans y travestis es casi la única “salida laboral”, para las mujeres de los barrios humildes, con historias más que difíciles sobre sus espaldas, historias de abusos, de maternidad no deseada , de abandono, sin horizontes de liberación personal y/o político, y de pobreza constitutiva, pareciera no haber otro destino que ser esposa-ama de casa, servicio doméstico o la prostitución. Naturalizada por todo el entorno social y por ellas mismas, la prostitución es la coronación de las violencias a las cuales están sometidas.
Incluso las mujeres que se llaman trabajadoras sexuales  reconocen que la prostitución no tiene que ver con el placer y el deseo de las mujeres. De ahí que ellas le digan “trabajo”. En el mejor de los casos, para las mujeres hay disociación entre cuerpo y mente para soportar las violaciones consecutivas. Sabemos de muchas compañeras en situación de prostitución que, en la búsqueda de un pensamiento y una voz propia, sin discursos armados por otros, pueden verse a sí mismas y pueden elaborar qué es lo que les está sucediendo como personas y a partir de allí, les resulta más que difícil seguir parándose en las esquinas.
 
Porque, compañerxs, en especial aquellas que apoyan la prostitución desde una supuesta defensa de una “sexualidad disidente y autonómica”, ¿quieren que hablemos de sexo? ¡Hablemos de sexo! Pero dejemos de llamar a la prostitución “sexo pago”. Esa expresión de la que desaparecen los sujetos para dejar las consciencias tranquilas. ¿Sexo para quién?
 
¿Los tipos realmente están pagando por sexo? ¿O pagan para satisfacer su necesidad de sentir poder? ¿por tener control absoluto sobre el cuerpo de una persona – mujer, niñx, travesti- por una determinada cantidad de tiempo en un lugar determinado? Abramos los ojos, lo que los tipos compran es la impunidad para ser crueles sin tener que rendirle cuentas a nadie. Son los prostituyentes quienes reactualizan el estigma social. Aquellos que bajo el influjo de un “supuesto deseo irrefrenable” someten a esclavitud y servidumbre sexual a las mujeres. ¿O no buscan incluso la permanente transgresión de lo pactado para poder humillarlas? Los prostituyentes se van tranquilos porque se los llama “clientes”, una palabra “respetable”. ¿Por qué no hablamos de la cantidad de mujeres, travestis y trans desaparecidas o torturadas o asesinadas y sepultadas como NN por obra del accionar impune de los prostituyentes? ¡Basta de silencio!
A ninguna se nos va a eximir de los  insultos de los prostituyentes, ni de sus maltratos,  ni de sus golpizas, ni de sus violaciones, ni del riesgo permanente de muerte violenta; mucho menos a las compañeras en situacion de prostitución. Porque somos esposas, novias, hermanas, tías, sobrinas, mujeres que caminamos por la calle, hijas, compañeras de trabajo de esos prostituyentes es que podemos hablar de prostitución, porque los prostituyentes duermen también en nuestras camas.
 
¡Luchemos juntxs contra la cultura del odio y de la violación! Por un mundo más equitativo donde la prostitución no sea presente ni futuro para nadie. Festejemos el surgimiento de otros tipos de sexualidades que no se den a través de las relaciones de poder y de la violencia. Apostemos a que nuestra búsqueda individual por la libertad se convierta en colectiva con más y más mujeres. Esta conciencia que celebra nuestras sexualidades y placeres nos hace fuertes para avanzar hacia la liberación real de todas las humanas.
¡Reclamemos nuestro lugar en el banquete de la vida!
 
Colectiva Pepita Guerra
Buenos Aires, noviembre 2013
 
Somos un grupo de mujeres anarco feminista que surgió en el 2007 a partir de la experiencia del Taller de Mujeres en Situación de Prostitución en el XXV Encuentro Nacional de Mujeres de Córdoba.

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