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Stonewall: Hace 40 años empezaba la leyenda

Mauro ï Cabral, relata en la última edición del Suplemento SOY de Página 12, No hay muchas maneras distintas de contar Stonewall. Los últimos años ’60, Nueva York, la represión persistente, el hartazgo de mucha gente que una y varias noches dijo basta, una policía de mierda, cosas que volaban de un lado a otro, muerte, resistencia. El nacimiento de un movimiento político contemporáneo. Christopher Street. Una plazoleta con rejas, dos parejas, marchas. Banderas del arco iris, la lucha continúa. Orgullo, mucho orgullo. Un bar. (…) El relato oficial —ese que cada 28 de junio da la vuelta al mundo cual antorcha sagrada del Orgullo— tiende a clasificar a los parroquianos como gays y lesbianas. La corrección política, que le corre a la saga, tiende a distribuirlos de acuerdo con la prolija taxonomía del movimiento en la contingencia de su devenir histórico. Es así como, supuestamente, gays, lesbianas, trans y bisexuales habrían coincidido, esa noche y en el mismo bar. La versión vernácula de la historia es aún más correcta: de algún modo que no conoce explicación alguna, lesbianas, gays, travestis, transgéneros, bisexuales e intersexuales se las habrían ingeniado para estar ahí, en Stonewall, bailando, mirándose, tocándose y tomando algo”. (SOY, viernes 26 de junio)


Así más o menos puede haber empezado a escribirse la historia: había muerto Judy Garland el 22 de junio, una semana después -la noche d el 27 de junio- la policía allanaba el bar Stonewall Inn de Greenwich Village en el que despedían a quien se había convertido en un ícono del ambiente gay. Podría haber sido como tantas veces una violencia más, pero la resistencia de un grupo de putos, tortas y travas comenzaba a dar forma a la leyenda.




Javier Sáez, miembro de Colectiu Gai de Barcelona, crítico de las Marchas del Día del Orgullo, considera que después de cuarenta años de lucha es poco lo que se ha conseguido “Sólo el derecho al matrimonio heterocentrado. Ni el fin de la homofobia, ni políticas serias contra el sida, ni disculpas de la iglesia, ni respeto en los medios de comunicación. Resulta patético que esos millones de gays y lesbianas que salimos a la calle el 28 J lo hagamos riendo, bailando y cantando, pacíficamente, desfilando por la calle ordenadamente. ¿A qué viene tanta alegría? Después de tantas tomaduras de pelo, de tantas agresiones homófobas, de tanta política sanitaria genocida, de tanto represor en el armario, de un PP y una iglesia católica neonazi y homófoba, lo que falta en esta manifestación es la RABIA. El 28 J deberíamos tomar las demás calles, los colegios, las iglesias, los bares, los cines, las emisoras de radio, desfilar por los pueblos. Deberíamos asaltar el ministerio de sanidad, apedrear el ministerio de educación, atacar a la policía, okupar las televisiones.
Tendríamos que mostrar nuestra ira, acabar con esta paz cobarde e inútil. Todo ha quedado en un baile de gratitud domesticado: ahora tenemos una zona rosa de bares en cada gran ciudad, unas cuantas revistas rosas que hablan de ese mercado rosa, una minoría de gays y lesbianas que pueden casarse y disfrutar del placer rosa, mientras el imperio heterrorista avanza día a día”
(Por un día de la ira gay)

La revuelta de Stonewall hizo posible reivindicar nuestros derechos y salir del armario.
A 40 años de la revuelta de Stonewall, precursora del movimiento de liberación LGTTTBIQ(ueer)(y todas las letras que se le sigan agregando) actual, tomar las calles sigue siendo imperativo. Nos hacemos eco de las palabras de Eugeni Rodríguez quien afirma que
A 40 años de Stonewall, nos toca contraatacar y romper con el falso modelo clónico que pervierte la conciencia de miles de activistas que siguen luchando por no tener que pagar ni deber nada a nadie. A 40 años de Stonewall, nos toca resistir por hacer posible el milagro de un movimiento tranzmarikabollo que no piensa formar familias y llenar locales donde escondernos”. (A 40 años de Stonewall)

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